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domingo, febrero 8, 2026
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Marbella se rinde al pregón de “El Pirata”, un grito de raíces, memoria y amor eterno por el Carnaval

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El Carnaval de Marbella vivió anoche una de las citas más esperadas del calendario festivo con el pregón del Carnaval 2026, celebrado en el Auditorio del Palacio de Congresos Adolfo Suárez. El encargado de abrir oficialmente la fiesta fue José Antonio Ortiz Fernández, “El Pirata”, que firmó un pregón cargado de emoción, memoria y amor incondicional por el Carnaval.

Marbella, 8 de febrero de 2026. El Carnaval de Marbella vivió anoche una de las noches más esperadas por aquellos que por febrero rinden culto al dios Momo. El auditorio del Palacio de Congresos Adolfo Suárez se llenó de emoción con el pregón del Carnaval 2026, pronunciado por José Antonio Ortiz Fernández, más conocido como “El Pirata”, un nombre que no es solo apodo, sino herencia, identidad y bandera.

Desde el primer minuto dejó claro que lo suyo no es postureo ni casualidad, que él viene de una estirpe carnavalera, de esas que han mamado la fiesta desde pequeños y la llevan pegada al alma.

“A mi abuelo, que sé que desde su balcón del cielo está disfrutando como nadie”, dijo con la voz quebrada, y el teatro entendió de golpe que aquello no iba a ser un pregón más. Su padre, su madre, sus hijos, sus hermanas y su mujer fueron el arranque de un discurso que nació desde dentro. Y es que el Pirata no habló desde el atril, habló desde la vida y sus vivencias.

A partir de ahí, el pregón se convirtió en un viaje por la memoria del Carnaval de Marbella, un recorrido por décadas de coplas, ensayos, noches interminables y nombres que forman parte del ADN de esta fiesta. Recordó aquel 86, cuando Marbella volvía a consolidar su Carnaval con comparsas como “Entre tomillo y romero”, y revivió la magia de aquellos ensayos en Santa Marta, donde se aprendía a cantar, sí, pero sobre todo se aprendía a vivir el Carnaval. “Cuántos recuerdos vienen a mi memoria de aquel local de ensayo… mientras el Chatarrero sacaba su comparsa y nosotros, los niños, jugábamos a ser comparsistas como nuestros padres”, relató, y fue imposible que a más de uno no se le encendiera el corazón.

El Pirata no se dejó a nadie atrás. Fueron apareciendo en su relato figuras imprescindibles como Antonio Rubia “El Extranjero”, el recordado Triana, y ese amor eterno por la comparsa que él mismo reconoció como un veneno bendito del que ya nunca se pudo separar. Y cuando habló de Triana, no lo hizo como quien cita un nombre: lo invocó como quien trae a escena un pedazo de historia. “Mientras yo viva, habrá Carnaval en Marbella”, recordó, y remató con una frase que sonó a promesa colectiva:

Puedes estar tranquilo, mi Triana, porque dejaste todo para que así fuera”.

Pero si algo tuvo el pregón de José Antonio Ortiz Fernández fue verdad. La verdad de quien se emociona sin miedo y reconoce que, aunque el Carnaval se lleva en la sangre, también pesa. Porque ser pregonero no es ponerse un traje bonito y soltar cuatro palabras. Ser pregonero es cargar con una ciudad entera en la garganta. Y él lo confesó con una sinceridad que desarmó: “Cuando llegaron a decirme que era el pregonero del Carnaval 2026, sentí tantos sentimientos a la vez que no podía ni describirlos: nostalgia, alegría, emoción… y mucho miedo”. Miedo, sí, porque sabía lo que estaba representando y porque quería estar “a la altura de lo que se merece mi ciudad”. Y desde ahí, su pregón se convirtió también en un homenaje a las tradiciones que han hecho grande esta fiesta, reivindicando incluso el regreso del entierro de la sardina, ese cierre tan nuestro que él describió con una imagen preciosa: “Marbella guardaba sus colores y se vestía de luto, entre llantos de risas, para poner el broche final a nuestro carnaval”. Tal fue la emoción del momento que, tras su discurso, la concejal de Fiestas, Yolanda Marín, recogió la toalla y se comprometió a celebrarlo este mismo año, el 22 de febrero.

El Pirata fue desgranando su historia como se desgrana una copla: con sentimiento, con referencias, con nombres propios que en Marbella significan mucho más que una firma. Habló de autores, de compañeros, de llamadas que te devuelven a la vida cuando crees que toca parar. Mencionó a Javier Raya, a Juani del Palo, a Antonio Quiñones “El Nono”, y hasta compartió ese punto de locura maravillosa que tiene esta fiesta cuando te atrapa y no te suelta. “Porque hasta un majareta de la bicicleta puede devolverte a tu carnaval…”. Porque eso es el Carnaval: una locura bendita que te devuelve la ilusión incluso cuando la vida aprieta. Y en medio de todo, también asomó Cádiz como horizonte de sueños, cuando recordó que “los grandes me dieron alas y en Cádiz pude volar hasta tocar semifinal”, dejando claro que su camino no se entiende sin escenarios, carretera y coplas.

El final fue puro pellizco. Sin artificios. Sin grandilocuencias vacías. El Pirata cerró con el alma abierta, como había empezado. “Espero que hayáis disfrutado de este pregón, porque al escribirlo me dejé el alma, los sueños y toda mi ilusión”, confesó, y el teatro le respondió como se responde a los pregones de verdad: con un aplauso que no era protocolo, era emoción. Y entonces, con la sencillez de quien lo ha dicho todo, se despidió mirando a su gente: “Gracias, Marbella… Muy buenas noches a todos y Feliz Carnaval 2026”. Y ahí terminó el pregón, sí… pero empezó oficialmente un Carnaval que ya lleva el sello de un nombre y un legado: el de José Antonio Ortiz Fernández, “El Pirata”.

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