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domingo, abril 19, 2026
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La palabra de Héctor Abad Faciolince con Antonio Lucas y la voz de Mayte Martín cierran la novena edición de Marpoética

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La literatura de Héctor Abad Faciolince y
la voz de Mayte Martín pusieron anoche el broche de oro a la novena
edición de Marpoética. El escritor colombiano y la cantaora catalana
llenaron, con sus inconfundibles estilos, el Teatro Ciudad de Marbella
en un alegato por la palabra, la sensibilidad y el arte despojado de
artificios. Faciolince mantuvo una conversación con el poeta y
periodista Antonio Lucas que desveló la faceta más escurridiza del
novelista, a quien definió como “poeta encubierto de un solo libro”. “La
poesía fue mi primer amor, hubiera querido ser poeta”, expresó
Faciolince. “Espero que sea también mi último amor, como esas parejas
añosas que al final de la vida se reencuentran”, confesó.



La poesía está íntimamente ligada a su
vida y, especialmente, a la figura de su padre, médico y activista
asesinado por los paramilitares. Fue él quien le puso en contacto con
las palabras a través de la poesía, y fueron versos sus primeros
escritos. “Uno empieza, como joven, con la poesía si tiene un contacto y
un interés muy íntimo con las palabras. La poesía es el alcaloide de la
literatura. Lo más puro, lo que cualquier prosista debería leer, sentir
la música y sentir el ritmo si quiere ser un buen narrador”, defendió.
El suicidio de un gran amigo con el que compartía afición lírica le
llevó a una poderosa reflexión: “Dejé de escribir poesía durante mucho
tiempo por miedo a la muerte en dos sentidos: por miedo a la muerte por
suicidio y a la muerte por inanición”.


La poesía ha sido una constante a lo
largo de toda su vida; incluso estuvo presente en el asesinato de su
padre, cuando encontró un papel manuscrito con unos versos firmados con
las iniciales J. L. B. (Jorge Luis Borges). “Cuando mi mamá, y luego mis
hermanas y yo, encontramos a mi papá muerto en la calle Argentina, no
recuerdo haber hurgado en sus bolsillos, pero lo apunté en mi diario.
Encontré una lista con los nombres de las personas que querían asesinar
los paramilitares y el poema”, recordó. De hecho, ‘El olvido que
seremos’, novela en la que reconstruye la vida de su padre entrelazando
el retrato familiar con el contexto político colombiano y en la que
celebra la bondad y el compromiso ético de su progenitor, nació como un
poema cuya lectura ha conmovido al público que llenaba el teatro.


Cuando su amigo se disparó, decidió que
no sería poeta para no matarse, pero siempre lleva un cuadernillo a mano
en el que apunta versos. La recopilación de esos apuntes ha dado como
resultado su único poemario, titulado ‘Testamento involuntario’. “Como
tenía mucho miedo de que si escribía poesía me moría o me mataran, pues
le puse testamento”, refirió con sorna. Al igual que su vida, su última
novela, ‘Ahora y en la hora’, está impregnada de poesía a través de
referencias a poemas de otros autores. Se trata del testimonio de “la
última cena” que vivió durante su viaje a Ucrania en 2023 y en la que
fallecieron 13 personas en un restaurante.


Había ido a Kiev a presentar ‘El olvido
que seremos’ en la feria del libro y, aunque no estaba previsto, alargó
la estancia dos días más para viajar a la zona del Donbás con Victoria
Amélina, destacada escritora, poeta y defensora de derechos humanos
ucraniana. Fue allí donde salieron a cenar a una pizzería y donde
Faciolince cambió de sitio con Victoria instantes antes de que ocurriera
el ataque. “Gritos, humo, polvo, destrucción, alaridos, ese momento en
que se pierde la noción del tiempo y de la realidad. Me levanté lleno de
manchas negras por todas partes; pensaba que era sangre, pero nada me
dolía, y Victoria estaba en mi lugar con la cabeza inclinada y no
respondía. No tenía sangre, no tenía nada, pero nunca recuperó la
consciencia y tres días después murió”, narró.


“‘Ahora y en la hora’ es el intento de
darle voz a Victoria, de denunciar un crimen de guerra más. Escribí el
libro con muchas dificultades, con muchos pensamientos mágicos: creía
que Victoria me dictaba partes del libro, que vivía en mi casa. Escribí
ese libro sobre su muerte, sobre nuestra muerte”, expresó. “Murieron
puros jóvenes; Victoria era la mayor de las que murieron, con 36 años”,
lamentó. La experiencia abrió en él una profunda grieta que la escritura
de la novela, fruto de leer obsesivamente la obra de Victoria, “de la
depresión y del estupor de sobrevivir”, no ha logrado cerrar.


Con los años ha ido perdiendo los
sentidos: “Nadie ve y nadie se da cuenta de que no tengo olfato, / no
nota nadie que no tengo gusto. / Estás muy sordo, me dice mi hermana
mayor, que lo oye todo. / Él solo oye lo que quiere oír, / a mis
espaldas me acusa mi esposa”, ha leído con la fina ironía sutil que
define su escritura, al tiempo que ha subrayado cómo, en Ucrania, su
sordera le salvó la vida ya que escuchar mejor a uno de los comensales
le llevó a cambiarse de sitio. Para Faciolince, la poesía es “mi manera
de rezar y de meditar: decirme poemas de memoria”. Y así terminó su paso
por Marpoética, recitando un poema que hizo aprender a sus hijos, como
otros instan a memorizar salmos y oraciones: “Sabe esperar, aguarda que
la marea fluya / —así en la costa un barco— sin que el partir te
inquiete. / Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya; / porque
la vida es larga y el arte es un juguete. / Y si la vida es corta / y no
llega la mar a tu galera, / aguarda sin partir y siempre espera, / que
el arte es largo y, además, no importa”.


Tras la conversación entre Abad
Faciolince y Antonio Lucas, la singular voz flamenca de Mayte Martín
dejó su sello inconfundible. Un espectáculo sobrio, sin concesión al
efectismo, en el que cada quejío y cada silencio parecía medido con
precisión. Su voz, flexible y matizada, se movió con naturalidad entre
malagueñas, cantes de levante, soleares, seguidillas, bulerías, tientos y
tangos. Martín desplegó un repertorio íntimo y reflexivo, cargado de
verdad, que propició un clima de concentración poco habitual en el que
los silencios cobraron tanto sentido como los sonidos. Una experiencia
profunda que puso el punto final a la novena edición de Marpoética. La
culminación de diez días en los que una treintena de autores han
desplegado sus versos en Marbella para encontrarse cara a cara con los
lectores en casi cuarenta actividades que han incluido lecturas en
nuevos escenarios, recitales performativos, diálogos, concursos
literarios y encuentros con estudiantes, con una participación total de
unas 8.000 personas. Más de una semana en la que la palabra ha sido
protagonista y la poesía la cura para la rutina.

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