La transformación de varias playas de Marbella ha provocado una oleada de críticas entre vecinos y usuarios habituales del litoral, que denuncian una alteración significativa del paisaje costero tras las últimas actuaciones ejecutadas por el Estado.
Las quejas se han concentrado especialmente en zonas como El Cable, La Bajadilla, Guadalmina o Lindavista, donde numerosos ciudadanos aseguran que los trabajos han deteriorado espacios tradicionalmente destinados al paseo y al baño. En redes sociales se han difundido imágenes que muestran acumulaciones de piedras, presencia de maquinaria pesada y cambios drásticos en el perfil de la costa.
A diferencia de lo que muchos pensaban inicialmente, estas obras no han sido promovidas por el Ayuntamiento, sino por el Ministerio para la Transición Ecológica, a través de la Demarcación de Costas en Andalucía-Mediterráneo. Según fuentes oficiales, se trata de “obras de emergencia” destinadas a reparar los daños provocados por el tren de borrascas que afectó a la zona a principios de 2026.
Entre las actuaciones realizadas se incluyen movimientos de arena entre distintas playas del municipio. Destacan el traslado de sedimentos desde Cabopino hacia Las Cañas y Las Chapas, la extracción de arena en El Cable para regenerar La Fontanilla y nuevos trasvases en Guadalmina.
Sin embargo, el principal motivo de malestar entre vecinos y colectivos locales radica en la forma en la que se han ejecutado estos trabajos, llevados a cabo en un corto periodo de tiempo y sin una planificación percibida como adecuada por parte de los vecinos.
Uno de los casos más llamativos ha sido el de la playa de Lindavista, donde las críticas fueron especialmente intensas tras la intervención. En esa zona, el Ayuntamiento tuvo que actuar posteriormente para reperfilar el terreno, retirar piedras y adaptar el espacio para su uso habitual.


Muchos ciudadanos consideran que este tipo de intervenciones responden a una política de “parches”, basada en el traslado puntual de arena entre playas sin abordar soluciones estructurales que garanticen la estabilidad del litoral a largo plazo. Además, denuncian una falta de sensibilidad ambiental y paisajística, al entender que estas obras afectan negativamente a los ecosistemas costeros.
La situación ha reabierto el debate sobre la gestión estatal del litoral malagueño, mientras algunas de las playas más emblemáticas de Marbella como El cable continúan experimentando cambios visibles en muy poco tiempo, alimentando el malestar social.







