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jueves, septiembre 29, 2022

La alcaldesa pregona la Semana Santa del Nazareno recordando a las víctimas del COVID-19

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La alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, ha ofrecido hoy el pregón de la Semana Santa 2022 de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, el primero tras la vuelta a la normalidad. Un pregón que ha estado dedicado a las víctimas del COVID-19 y en el que ha hecho un repaso de los momentos más destacados de la Hermandad vinculados a la historia de la ciudad.

PREGÓN ÍNTEGRO

Dulcísimo Padre Jesús Nazareno, amado Señor mío que en vida sufrió flagelaciones, escarnios, insultos y reprobaciones. Tú que soportaste todo solo por el bien de nosotros, Tú que diste la vida para la liberación del prójimo.

Por esto, y mucho más, yo te soy devota hasta el final. Por ello, amado Cristo, hoy te pido que ilumines mi vida y siempre obres en favor de mí, para que no pueda extraviarme en el camino

que me lleva a Dios.

Con la venia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de Nuestra Patrona la Virgen del Carmen y de Nuestro Santo Patrón San Bernabé, Alcalde Perpetuo.

A ellos les pido que me iluminen y den templanza en este Pregón de la Real, Ilustre y Venerable Hermandad Sacramental de Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima del Mayor Dolor y Santo Sepulcro.

En memoria de todas aquellas personas que nos han dejado durante la pandemia, que Dios las tendrá seguro en su Gloria, y de aquellas que, con su Fe, su devoción y su constancia, han hecho grande la Semana Santa de Marbella y, en especial, la historia de esta Hermandad.

Y con un recuerdo especial para Antonio López Ariza, Ciudadano Honorario de Marbella y Medalla de la Hermandad, y Francisco Donoso Salas, mayordomo de honor de la Hermandad.

Muy Reverendo Padre Don José Sánchez Herrera; Reverendos Padres Don Adrián y Don Luis; Don Juan Pedro Pérez Duarte, Hermano Mayor de esta Ilustre Hermandad; Presidente de la Agrupación de Cofradías, Don Francisco Gil; Hermanos Mayores y Juntas de Gobierno de Pasión y Gloria; Representantes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad; Compañeros de Corporación municipal; Hermanos todos en Cristo.

Mis primeras palabras deben ser de agradecimiento a la Junta Directiva de la Hermandad del Nazareno y a su Hermano Mayor, Don Juan Pedro Pérez Duarte, a quien agradezco además su cariñosa presentación y por proponerme como pregonera, una tarea que asumo con la máxima responsabilidad; con gran orgullo, porque no hay nada más relevante como hermana y camarera de honor, de pregonar a nuestros Sagrados Titulares; y con la esperanza de estar a la altura del honor que se me dispensa.

De igual forma, quiero agradecer a Antonio Sánchez su encomiable labor hacia la Semana Santa de Marbella y felicitarle por este magnífico cartel.

Ser pregonera de esta Hermandad es un honor del que han gozado personas de la talla profesional, humana y de hombre de fe como mi añorado Antonio Maíz, una de las personas más queridas por mí y por toda Marbella. A Antonio y a su familia quiero dedicar mis palabras y mis recuerdos.

Y junto a Antonio, pregoneros con el talento y la devoción de Francisco Moyano; de Juan Antonio Cuevas; y de grandes maestros de la palabra como Luis del Olmo o Fernando Ónega. De igual forma, Carmen Urbano, que emuló en su pregón la figura de su marido Antonio Lorenzo Cuevas, y a quien Dios tenga en su seno. A buen seguro, hoy nos estaría acompañando en esta cita.

Gracias también a don José Sánchez Herrera, director espiritual y consiliario de la Agrupación de Cofradías, por su integración y su forma de congeniar de manera inmediata con nuestras hermandades, aportando su buen hacer, sus conocimientos y, dentro de su labor pastoral y evangelizador, su propio sentimiento cofrade.

Un sentimiento cofrade que en mi caso nace en Córdoba, de la mano de mis padres, pero se refuerza y se hace grande en Marbella, donde compañeros como Antonio Maíz, Kika Caracuel y, por supuesto, José Eduardo Díaz, entre otros, me acercan y me hacen amar la Semana Santa de Marbella y a Nuestro Padre Jesús Nazareno. A todos ellos, gracias.

Gracias además a Juan Pedro Pérez Duarte y a Pedro Narváez, por su inestimable ayuda a la hora de elaborar este pregón. Y a Francisco Moyano, por sus apuntes.

Por último, a los Reverendos Francisco Echamendi, que Dios guarde en su gloria, y a José López Solorzano, por su labor en nuestra ciudad. Y a todos los hombres y mujeres de esta Real, Ilustre, Venerable y Antigua hermandad, de la que soy orgullosa hermana y camarera de honor del Santo Cristo Yacente desde hace ya 15 años.

Hablar de la figura de Nuestro Padre Jesús Nazareno ofrece muchísimas posibilidades, especialmente en el ámbito histórico, porque se trata de una de las devociones más antiguas de la ciudad.

Los últimos documentos hallados hacen referencia a esta hermandad allá por el año 1745, aunque los datos de los que se tienen constancia señalan 1903 como fecha de la que se parte para la ratificación de su decreto de erección canónica, presidida por aquel entonces por don José Caracuel Delgado como hermano mayor.

Con la austeridad propia de la época, a principios de siglo, y muy ligados al gremio del comercio y la minería, salieron en procesión aquella Semana Santa tres imágenes: Nuestro Nazareno, el Jueves Santo; el Santo Entierro, acompañando a la Soledad, el Viernes Santo; y el Domingo de Resurrección, al Resucitado.

Otro momento clave en la historia tiene lugar en 1946, cuando el entonces veterinario municipal, don Bartolomé Pérez Lanzac, hizo entrega a la hermandad de la imagen de Jesús Nazareno, obra del escultor sevillano José Ribera. Ese mismo año marca un hito importantísimo, pues se restauró el culto público, fecha de la que recientemente acabamos de celebrar su 75 aniversario.

Son innumerables las historias ligadas al Señor de Marbella, de las que muchos de mis antecesores en este Altar Mayor han dado ya cuenta con mayor conocimiento y en mayor profundidad. Permítanme que yo me detenga, porque tuve el honor de vivirlo como alcaldesa, en un acontecimiento reciente, pues tuvo lugar en 2018, como la inauguración de la estatua de Nuestro Padre Jesús Nazareno, en el marco del Encuentro Nacional de Hermandades Cristianas y legionarias que organizó esta Hermandad y que proyectó su imagen a nivel nacional.

He tenido la suerte de vivir, tanto como hermana y camarera de honor como en calidad de alcaldesa, muchos momentos, pero lo más emocionante, sin duda, es ver salir, cada año pero siempre como si fuera la primera vez, la imagen del Nazareno por la puerta de este tempo, Nuestra Señora de la Encarnación. El silencio que se hace en la Plaza de la Iglesia, solo quebrado por el tañido de la campana del mayordomo, el esfuerzo bañado en fe de los hombros de trono y la pasión y el sentimiento de toda Marbella, que contiene el aliento antes de irrumpir en aplausos al sonar los acordes de la Marcha Real cuando el Señor de Marbella inicia su salida procesional acompañado por un mar de promesas, que siguen sus pasos por las calles de nuestra ciudad con una devoción y una fe infinitas.

¡Cristo Jesús Nazareno!

¡Cómo te quiere Marbella!

Mira cómo te acompaña

llevando el llanto en su pecho,

siguiéndote paso a paso,

como tus más fieles siervos,

queriendo llevar tu pena,

desamparo y sufrimiento,

para compartir contigo

tu dolor y desconsuelo.

¡Cristo Jesús Nazareno!

¡Cómo te quiere este pueblo!

Míralo como se abraza

a la Cruz de su tormento

y cada uno se aferra

al peso de su madero.

Si Nuestro Padre Jesús Nazareno es el Señor de Marbella, a quien nos encomendamos en los momentos más difíciles, Nuestra Madre María Santísima del Mayor Dolor, La Guapa, es la representación del Amor. Por su Hijo y por todos los hombres.

Y también de la templanza, de la resignación hacia lo que debe suceder, con todo el dolor que refleja su imagen, pero con la dignidad silenciosa y la creencia absoluta, la fe de María, de que la muerte de su Hijo traerá consigo la Resurrección.

Más de 60 años acompañando a su Hijo por las calles de Marbella y dando su serena protección a los hermanos cofrades y a todos los vecinos que la siguen, la respetan y la aman.

Como alcaldesa he tenido la suerte de presidir el acto de nombramiento de la escalinata de acceso a la Plaza del Santo Sepulcro con el título de María Santísima del Mayor Dolor, un tributo más que merecido con el que se ha completado el homenaje a los Sagrados Titulares de la Hermandad del Nazareno.

Un reconocimiento a Nuestra Madre, pero también al trabajo y al esfuerzo de todos y cada uno de los hermanos cofrades por su trabajo, su esfuerzo y su compromiso, con el que han contribuido a engrandecer la historia de nuestra Semana Santa y de nuestra ciudad.

Virgen Santísima del Mayor Dolor,

al contemplarte brota de mi interior

esta sencilla oración.

Acompáñame por mi Vía Crucis,

como acompañaste a tu Hijo Redentor.

Dame, con tu mirada, la fuerza necesaria

para llevar la cruz de cada día,

sobre mis espaladas o guardada en mi corazón.

Y concédeme la gracia

de poder estar junto a los míos en su dolor,

como estuviste tú junto a Jesús

cuando cargaba con su cruz.

No me dejes sola, María,

que a veces me falta el valor

y otras me falta la fe y la esperanza

necesarias para contemplar el dolor.

No hay una imagen en Marbella más vinculada, no solo a la Legión, sino también al Ejército y a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que nuestro Santo Sepulcro.

Mientras nuestros soldados dan la vida por España, Nuestro Señor Jesucristo dio la vida por todos nosotros. Y ese espíritu de entrega, de valentía, de solemnidad y de emoción impregna la salida procesional de nuestra Hermandad el Viernes Santo.

Cada año, en el Ayuntamiento, llevamos a la Junta de Gobierno Local la solicitud por parte de la Hermandad de que ese Viernes Santo salga a la calle en la procesión del Santo Sepulcro el Pendón de la ciudad. Se trata de la única ocasión en la que sale a la calle además del Día del Patrón, San Bernabé.

Una petición que atendemos siempre con mucho respeto y admiración.

¿Cómo no hacerlo? No solo por su relevancia, sino porque el Santo Sepulcro es más que una procesión. Es la escenificación del entierro de Nuestro Señor, con la solemnidad del acompañamiento de la Legión, que imprime un carácter único de marcialidad en su recorrido.

¿Cómo no hacerlo? Si al atardecer y llegada la hora de su muerte, camino del sepulcro el cuerpo de Cristo Yacente es trasladado a hombros de la Legión. En breve comenzará su Estación de Penitencia por las calles de nuestra ciudad y toda Marbella aguarda expectante el sonido de esta plegaria:

Lo demandó el honor y obedecieron,

lo requirió el deber y lo acataron,

con su sangre la empresa rubricaron,

con su esfuerzo la Patria engrandecieron.

Fueron grandes y fuertes, porque fueron

fieles al juramento que empeñaron.

Por eso, como valientes lucharon,

y como héroes murieron.

Por la Patria morir fue su destino,

querer a España, su pasión eterna,

servir en los Ejércitos, su vocación y sino.

No quisieron servir a otra Bandera,

no quisieron andar otro camino,

no supieron vivir de otra manera.

La concesión de la venia para la salida del Pendón municipal no es la única vinculación del Ayuntamiento con esta salida procesional. La relación viene de antaño, pues el Consistorio fue el donante en 1950 de la imagen del Santo Cristo Yacente a la Hermandad, restaurando con ello el culto público en Marbella a esta advocación, que es, a la sazón, la Procesión Oficial en todo el Estado.

Por esta donación, el Ayuntamiento recibió el título de Hermano Mayor Honorario, el más antiguo de nuestra Hermandad.

Como alcaldesa de Marbella, para mí es un orgullo representar a la institución que tiene ese título. Y, como alcaldesa, pero sobre todo como hermana cofrade guardo un recuerdo imborrable, de un momento difícil pero al mismo tiempo muy emocionante, de la procesión del Viernes Santo. Aquel año en el que aguantamos el tremendo aguacero que nos sorprendió en el encierro. Empapados, bajo la lluvia, pero con el orgullo, la emoción y la absoluta convicción de mantener nuestros puestos, de no abandonar en ningún momento a nuestros Sagrados Titulares hasta el final de su recorrido.

¿Cómo abandonar? Si Nuestro Padre no nos abandona nunca. Ni en los momentos más difíciles.

Déjenme que retorne en el tiempo dos años atrás. Este Pregón que hoy ofrezco yo tenía que haberlo dado en 2020, pero apenas unas semanas antes se desató la peor pandemia de la historia moderna. Fueron unos meses durísimos. Para todos.

Aquí están muchos de mis compañeros en el Gobierno municipal y recordarán el trabajo incansable, de lunes a domingo, enfrentándonos a una situación inédita en el mundo, con el objetivo de preservar al máximo la salud de nuestros vecinos y dar cobertura a las necesidades de los más desfavorecidos. Y estoy convencida de que el Señor de Marbella nos iluminó.

Pero yo, además, en mi condición de médico, formaba parte del comité de coordinación frente a la pandemia del Hospital Costa del Sol, por lo que viví también la situación desde la óptica de los sanitarios, en esa labor incansable e impagable a diario por la salvar la vida de nuestros vecinos.

Fueron varios meses muy complejos, desarrollando mi labor en ambos escenarios, y debo reconocer que algunos días, al terminar la jornada, el agotamiento hacía mella en mí. Entonces, me encomendaba a nuestro Nazareno para que me diera la fortaleza de seguir adelante.

Y, como aquella noche bajo el aguacero, en la que ninguno de los presentes dimos un paso para abandonar al Cristo Yacente, el Señor de Marbella no me abandonó y me dio la energía y la resistencia para que yo tampoco abandonara mis responsabilidades y a mis vecinos en el más duro, más agotador y más complicado escenario al que pueda enfrentarse nunca un alcalde o un profesional sanitario.

Aquel 2020 no hubo pregones ni salidas procesionales. Las misas se celebraron a puerta cerrada, sin público, y solo pudimos seguirlas a través de Radio Televisión Marbella, a quien quiero agradecer la gran labor que desarrolló durante toda la pandemia como herramienta de conexión para todos.

No pudimos celebrar en la calle ninguno de los actos de la Semana de Pasión. Vivimos nuestra Semana Santa más difícil, sin poder acompañar a los Sagrados Titulares de nuestras cofradías, pero encomendándonos a ellos para atravesar esos difíciles momentos.

El pasado año sí pudimos celebrar algunos actos litúrgicos en nuestros templos, pero no procesionar. Estos dos últimos años no hemos podido encontrarnos con nuestros Sagrados Titulares en nuestras calles, en nuestras plazas, que lamentablemente han quedado huérfanas de tronos, de nazarenos y de marchas procesionales.

Este año, sin embargo, aún con la prudencia que nos marca una pandemia que aún no ha concluido, enfilamos afortunadamente el camino hacia la deseada normalidad y la Semana Santa regresará a los rincones de la ciudad, a las callejuelas del Casco Antiguo, un momento largamente anhelado por los cofrades y que trae consigo un mensaje de esperanza. Como el que nos ofrece María Santísima del Mayor Dolor, que acompaña a su Hijo con la convicción de su Resurrección.

Con esa misma esperanza afrontamos este año la llegada de la Semana Santa, tras dos años que se nos han hecho larguísimos, pero en los que la gran familia cofrade ha seguido volcada en el cuidado de nuestro patrimonio y en una labor social que durante esta crisis ha sido fundamental.

Estoy convencida de que todos saldremos fortalecidos de este gran reto que ha supuesto la pandemia. Y quiero dar las gracias a todos los hermanos de la Real, Ilustre, Venerable y Antigua Hermandad Sacramental de Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima del Mayor Dolor y Santo Sepulcro y del resto de cofradías y hermandades de nuestra ciudad, que siempre realizan un trabajo generoso y callado durante todo el año, pero que en estos últimos 24 meses han sido más solidarios e imprescindibles que nunca tanto en su labor social como a la hora de cuidar y preparar a nuestros Sagrados Titulares para su reencuentro con Marbella, cada vez más cercano. Demostrando que Marbella, además de muchas otras virtudes, es una ciudad de cofrades y cofradías.

Y muchas gracias a todos por vuestra asistencia hoy. Espero que este pregón sirva de preludio anunciador de una Semana Santa muy especial, mágica, y, sobre todo, para que la vivamos con intensidad y emoción, con devoción, y con la fe y la esperanza de la Resurrección de Cristo. Y una petición: que reine la paz. He dicho.

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