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miércoles, junio 3, 2026
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Hermès Marbella acogerá Bayo, una instalación creada por la artista sevillana María Medem

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Este proyecto, se podrá visitar desde este viernes 12 de junio hasta el 15 de octubre en la boutique de Puerto Banús

Tomando como punto de partida el tema anual de Hermès para 2026, L’Appel du Large, la artista se sumerge en un proceso de exploración que va más allá del dibujo para adentrarse en el espacio tridimensional a través de objetos artesanos en los que ilustra su visión de Hermès. El proyecto se materializa en una instalación concebida específicamente por la creadora sevillana para el espacio de la boutique de Hermès en Marbella.

En línea con los valores de Hermès, este proyecto nace de un proceso colaborativo en el que la artista ha trabajado estrechamente con artesanos locales andaluces. Esta inmersión en diferentes oficios —herreros, imagineros, costureros y ceramistas— se traduce en una propuesta donde tradición, innovación y contexto cultural conviven y se entrelazan. La naturaleza y los objetos seleccionados para este proyecto remiten a Andalucía desde una mirada actual, que reinterpreta su imaginario a través de un lenguaje contemporáneo.

Elementos como el romero, los búcaros tradicionales o la silla de enea se integran con naturalidad en la instalación, reinterpretados desde el presente. Como sucede con la propia artesanía, adquieren nuevos significados al ser observados desde una sensibilidad contemporánea.

La propuesta parte de una reflexión esencial: la realidad cambia según la mirada de quien la observa. Un mismo paisaje, un gesto o un objeto, especialmente aquellos vinculados a la artesanía, pueden adquirir significados distintos cuando se contemplan desde otra perspectiva. Viajar se convierte, así, en una actitud: volver a lo familiar con ojos renovados.

Concebido como un recorrido visual y sensorial, BAYO se despliega de izquierda a derecha como una narración en tres actos: el despertar, la exploración y, finalmente, la partida hacia nuevos horizontes. Se trata de un viaje que trasciende el desplazamiento físico para adentrarse en los terrenos de la percepción, la sensibilidad y la transformación.

En la primera escena, el paisaje despierta y los colores marcan el inicio de un recorrido que sitúa al espectador en un instante suspendido, donde el día parece comenzar y todo está aún por suceder. A medida que avanza la narrativa, el espacio adopta un carácter más exploratorio: los cielos se tiñen de tonos rosados y rojizos, los fondos se transforman y una paleta cromática intensa y envolvente altera la percepción, evidenciando cómo un mismo lugar cambia según la luz que lo atraviesa. La instalación se construye a través de los sentidos, donde lo visible convive con lo sugerido: indicios de presencias humanas, unas botas de montar, un gorro, objetos aparentemente olvidados, evocan el paso de un viajero sin mostrarse de forma explícit.

El movimiento articula la escena: los caballos, al galope, al trote o en reposo, conectan los distintos momentos y activan el paisaje en un flujo continuo, guiados por una llamada simbólica que evoca la idea de poner el sol en marcha y dar origen al día. El paisaje deja así de ser contemplado para convertirse en una experiencia que se percibe, se intuye y se siente.

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