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sábado, marzo 2, 2024
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Marpoética cierra su sexta edición con una fusión de literatura y humor tras quince días intensos dedicados a difundir el poder de las palabras

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La directora general de Cultura en Marbella, Carmen Díaz, ha asegurado que “este año hemos conseguido dar un gran salto cualitativo, con un reconocimiento que trasciende el ámbito nacional” y ha asegurado que la propuesta “ha sido un rotundo éxito, tanto por la calidad de la programación como por la asistencia de público y la implicación de la ciudad”

El festival de poesía Marpoética cerró anoche su sexta edición, marcada por la calidad de su programa como por la alta afluencia de público desde que comenzase el pasado 13 de abril. La jornada de clausura tuvo dos momentos intensos. Por la mañana, la entrega del I Premio de Poesía Marpoética al escritor gaditano Felipe Benítez Reyes, uno de los poetas más celebrados en lengua española en la actualidad, por su libro “Los expedientes de la madrugada”. Ya por la noche, y en un abarrotado Teatro Ciudad de Marbella, el festival puso su broche de oro con una velada final en la que participaron los escritores Fernando Aramburu y Antonio Lucas, que, moderados por el poeta Javier Vicedo, hablaron de la vocación artística y del vínculo con la palabra poética. La noche concluyó con una actuación del pianista flamenco Dorantes, que presentó su concierto “Identidad”.

         La directora general de Cultura del Ayuntamiento, Carmen Díaz, explicó a la conclusión del acto que la actual edición de Marpoética “ha sido un rotundo éxito, tanto por la calidad de la programación como por la asistencia de público y por la implicación de la ciudad, que se ha identificado plenamente con la iniciativa”, al tiempo que ha afirmado que “hemos conseguido dar un gran salto cualitativo, con un reconocimiento que trasciende el ámbito nacional”. En este sentido, ha resaltado que la gran novedad de este año ha sido la convocatoria del I Premio Internacional de Poesía Marpoética, con una dotación económica de 20.000 euros, que “ha tenido una gran poder de convocatoria, con más de 1.800 obras presentadas, de las que un notable porcentaje han sido de países del otro lado del Atlántico, fortaleciendo el vínculo del festival con Latinoamérica”.

         Asimismo, ha llamado la atención sobre ‘La poesía en pie’, proyecto coordinado por el dramaturgo Alberto Conejero, que “se ha realizado por primera vez y ha sido absolutamente fascinante, encajando muy bien en el marco del festival con propuestas de gran calado poético”. Díaz también ha subrayado “el compromiso de los centros educativos, que se han implicado con una gran intensidad en todas las ocasiones que se les ha ofertado alguna actividad”. Por último,

ha afirmado que “vamos a seguir dando pasos para consolidar el festival como una referencia imprescindible en el panorama cultural, avanzando también en ese salto hacia lo internacional que ya hemos comenzado a dar y que queremos reforzar en próximas ediciones”.

         En cuanto a la noche de cierre, la nota predominante fue la defensa de la literatura y la palabra, pero en un diálogo entre escritores que tuvo momentos de altas dosis de humor. Fernando Aramburu, el creador de grandes novelas como ‘Patria’ o ‘Los peces de la amargura’, recordó sus inicios en una familia humilde. “Yo veía a mi padre levantarse muy temprano, como tantas personas que llevaban una vida monótona, por lo que comencé a pensar como llevar otra vida más libre y en la que pudiese viajar otros países y tener un desarrollo personal”, afirmó. También señaló con humor que su primera intención fue dedicarse al deporte, pero fracasó de forma sucesiva en diversas disciplinas como el fútbol o el ciclismo. “Incluso probé con la jabalina, fui a un campeonato y me quedé el penúltimo”, indicó. Finalmente, señaló que fue con 14 ó 15 años cuando descubrió “la lucerna de la literatura”. “Decidí ser escritor y desde entonces nunca he traicionado el deseo de aquel chavalillo que era yo, aunque a veces me apetece hacer otras cosas”, precisó, sin dejar la clave de humor.

         Aramburu, ganador de algunos de los premios más importantes de la literatura europea y que reside en Alemania desde hace cuatro décadas, afirmó también que sus inicios fueron en la poesía, pero que a mediados de los 80 comenzó a sentir que se repetía. Según explicó, dedicó un año, entre 1985 y 1986, a buscar una prosa propia y a “despoetizarme”. A través del autoaprendizaje, sin talleres literarios, comenzó a interiorizar la técnica narrativa e hizo su primera intentona con lo que acabaría siendo su obra de debut, ‘Fuegos con limón’, que publicó la editorial Tusquets en 1996. “Nunca me atrevo a volverla a leer pues creo que tiene demasiado de todo”, confesó el escritor vasco, que también señaló que la escribió creyendo que sería un libro de unas 200 páginas y luego se convirtió en un volumen impreso de más de 600. 

         Antonio Lucas explicó, por su parte, que su amor por la literatura lo descubrió en un cambio de instituto, cuando encontró a un grupo de jóvenes con similares intereses. En su caso, su familia sí era lectora y fue en la biblioteca familiar donde encontró el libro que le cambió la vida, ‘Residencia en la tierra’, del escritor chileno Pablo Neruda. “Nunca he vuelto a sentir en mi vida una sensación tan reveladora e intensa como cuando comencé a leer los poemas de ese libro”, aseguró. También habló Lucas, director de Marpoética en sus cinco primeras ediciones, sobre la relación del periodismo con la literatura y subrayó casos emblemáticos de periodistas españoles que hicieron gran literatura en los diarios como Josefina Carabias, Chaves Nogales, Josep Pla o Álvaro Cunqueiro. “Aquí se hizo Nuevo Periodismo muchos años antes de que se inventase el término en Estados Unidos”, incidió. También reconoció que las redacciones periodísticas son «manicomios abiertos” en los que los poetas no son vistos con los mejores ojos. El autor especificó, por último, que a él los poemas le nacen de una emoción y sin saber a dónde va. “La idea surge luego, es como una gripe que van notando los síntomas poco a poco”, aseveró.

         Tras la charla literaria, la noche concluyó con la música del pianista Dorantes, que impregnó el teatro Ciudad de Marbella de hondura flamenca con los temas de “Identidad”, un trabajo en el que hace una radiografía musical de un momento de su vida y con el que se remonta hasta su infancia lebrijana para evocar esos años tan especiales. El pianista se mostró encantado de participar en un festival dedicado a la poesía y precisó que sus palabras son las teclas del piano y que su poesía surge a través de la música. De ese modo concluyó un festival que este año ha crecido en sus actividades paralelas y se ha celebrado bajo el influjo de la poeta norteamericana Emily Dickinson y su frase en la que aseguraba que no había conocido nunca en el mundo algo con tanto poder como una palabra. 

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