El futuro del extremo marbellí Javier Ontiveros en el Cádiz CF ha dado un vuelco absoluto. Cuando todo apuntaba a su salida inminente de la entidad amarilla tras una temporada marcada por las dudas físicas y las duras críticas institucionales, el club ha decidido blanquear los marcadores y otorgarle una segunda y última oportunidad.
De la rampa de salida al perdón institucional
La situación del talentoso atacante de Marbella era, hasta hace unos días, prácticamente insostenible. Tras un curso decepcionante en el aspecto individual —lastrado por problemas físicos y un rendimiento muy alejado de su primera campaña (en la que anotó 10 goles)—, el propio club encendió todas las alarmas al publicar un vídeo corporativo en redes sociales donde se evidenciaba el mal estado de forma y el sobrepeso con el que el jugador se había presentado.
Las imágenes desataron un enorme revuelo y provocaron la furia de la planta noble del club. El entonces presidente, Manuel Vizcaíno, fue tajante en su balance de temporada al señalar públicamente al futbolista: «Le ha faltado el respeto a la camiseta y al escudo del Cádiz. No va a volver a ser un jugador porque no quiere». Con la posterior salida de la directiva anterior y la llegada de la nueva cúpula deportiva, su marcha en forma de traspaso o rescisión se daba por segura.
»Es tu segunda oportunidad, no hay más»
Sin embargo, en un movimiento tan sorprendente como mediático plasmado a través de un nuevo contenido audiovisual del club junto a Christian Septien y el nuevo técnico cadista, Albert Celades, la postura cambió radicalmente.
Desde la entidad se le ha trasladado un mensaje de máxima exigencia pero de confianza condicionada: «Es una segunda oportunidad, no hay más». Por su parte, Celades quiso dejar claras las normas de convivencia y compromiso que regirán esta nueva etapa: «Estamos deseando contar contigo, pero no solo de palabra, también en el campo. Queremos ver ese profesionalismo».
De este modo, Ontiveros borra de un portazo los fantasmas de la báscula y las tensiones del pasado verano. Con contrato en vigor hasta 2028, el marbellí tiene ante sí el reto más importante de su carrera: demostrar sobre el césped del Nuevo Mirandilla que su talento diferencial sigue intacto y devolver la confianza a una afición que ansía volver a ver su mejor versión.







